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lunes, 8 de junio de 2009

Necesario


Corría en el rumbo que le marcaban. Siempre resultaba aleatorio, a veces sorprendente, a veces no. Dependía de los demás y no dependía de ellos en la misma medida que dependía de sí mismo y no lo hacía. Su labor era totalmente imprescindible. Era jugador de fútbol, y le pagaban una millonada.

jueves, 4 de junio de 2009

Huelga de colores


Siempre le tocaba a él hacerlo todo. Había muchos otros del mismo tipo, o mejores. Muchos capaces de realizar su labor. Si todavía se alternaran, pero no, siempre el mismo. Un dí ae cansó y decidió ponerse en huelga. El bolígrafo sin tinta se fue a la basura y el estudiante cogió otro.

martes, 2 de junio de 2009

Común adicción


Soy adicto, lo reconozco. Cada vez que veo esa sustancia en una aguja se me acelera el pulso y me siento mal. Sólo pensar en ella despierta mis instintos más primarios y hace que un sudor frío resbale por mi espalda. Lo reconozco, soy adicto a la sangre, no puedo vivir sin ella.

jueves, 28 de mayo de 2009

Matando los segundos


Se levantó, le dolía la cabeza, mucho. Como siempre. Se balanceó hasta acabar sentado con cierta verticalidad. Lo vio, estaban allí observándole. Como siempre. No lo soportaba. Por fin tuvo el coraje suficiente para sacar de la mesita un revolver y pegarle un tiro. Adiós al despertador. Adiós al tiempo. Como siempre.

lunes, 18 de mayo de 2009

Buscando compañía


Giró la manilla y entró, escuchando el quejido de protesta de la puerta. Miró primero encima de la mesilla. Rebuscó en los cajones de la misma. Se agachó debajo de los muebles e inquirió en su interior. Nada, estaba solo.

sábado, 16 de mayo de 2009

¡Escúchame!


-¿Qué? ¿No dices nada? Me parece fatal, esperaba al menos una explicación. no deberías haberme dejado, todo hubiera ido mucho mejor... ¡Eh! ¡Deja de sangrar ahí tirada en el suelo y escúchame! ¡Te estoy hablando!

jueves, 7 de mayo de 2009

Muerto de hambre


-¿Cómo creéis que murió?
-No lo sé, parece tan tranquilo.... -dijo entre sollozos, sorbiendo por la nariz.
-Quizá fuera un ataque al corazón -propuso una de las criadas sin demasiada convicción- era tan joven...
-O puede que fuera el asma -repuso la segunda, también dubitativa.
De repente se levantó y, obviando la situación y el llanto de su esposa se dirigió a la última en hablar.
-¿Qué hay de cena?