Los números se dispararon por la pantalla de su ordenador, despedazando sin piedad las imágenes que antes comtemplaba en sus correspondientes bits. De repente todos los aparatos electrónicos empezaron a fallar y volverse en su contra. Sintió un súbito pinchazo en el cuello, abrió los ojos. Se había cortado con la maquinilla de afeitar.
-Me vuelvo otra vez a la cuchilla.
